Escribo y pienso

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Ayer que pensaba que hace tiempo no escribo, pensaba también el por qué escribo o me gusta escribir.  Tal vez porque en letras me escucho mejor.  Tal vez porque nunca tuve un diario.  Tal vez porque las cosas que se quedan en la mente, hay que dejarlas salir, porque en una de esas nos engordan...
Pero la verdad es que escribir me gusta, esa es la real razón.
Es plasmar en algún lugar aquello que me da vueltas en la mente, que me llama la atención o que, como dice el blog, se quedó en mis pensamientos de un día para el otro.  Por eso empiezo con AYER, porque es el inicio de un pensamiento que no quedó en la almohada.
A veces mirar la calle me deja pensando, ver aquel perrito que busca algo en el jardín por un largo rato y finalmente huele y huele, para luego dejar su marca y seguir andando sin mirar atrás.  O tal vez ese nuevo estilo de padres que ahora caminan relajados de la mano de sus hijos y parecen disfrutar ese papel de papás modernos.  O pensar en aquellos padres que hablan por el celular durante todo el camino, perdiendo el momento de compartir con sus hijos y aprender sin duda de ellos, cuan simple puede ser a veces la vida.
Pero escribo tal vez porque luego, algún día, leeré nuevamente lo escrito y encontraré en las letras y en el tiempo, aquello que me hacía pensar, aquello que llamaba mi atención o aquello que simplemente sobrevivía a mi almohada...

Los amigos

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Ayer nos reunimos con una pareja de amigos, de esos amigos que no viven en el País y de vez en cuando te regalan sus visitas, llenas de orgullo de seguir llevando la Patria en el alma, llenas de ganas de comerse un País que tuvieron lejos y con las ganas de retomar vínculos con gente que llevan siempre en la memoria y obviamente en el corazón.
Las consecuencias son varios kilos más que se llevan puestos, pero en cada uno de ellos recuerdan un momento y nos regalaron uno de esos momentos que engordan el alma con sentimientos que nos regresan en el tiempo y nos enfocan hacia el futuro con planes, con ganas de mantener un vínculo que, si nos damos cuenta, se mantiene sin esfuerzo, como lleva décadas ahí, intacto.
Es ahí cuando toca valorar la presencia de los amigos.  Reflexionar el sentimiento que te provoca encontrarte con amigos de siempre, de antes, de ahora, en realidad no es fácil.  Cuando uno sale de una reunión con amigos, siente un relajo que, de manera casi desapercibida, nos ha sacado de nuestro día a día y nos ha llenado de risas, recuerdos y absurdas opiniones a veces, en un grupo de gente que no importa lo que digas, sigue siendo tu gente.  Sales de esas reuniones listo para empezar otra vez, pero de una manera distinta, con las típicas promesas de seguirnos viendo y seguir en contacto.
No hace mucho, una amiga que pertenece a un centro de estudios por el que pasé y durante más de 30 años no volví a recordar, me encontró y me unió a un grupo de exalumnas.  Desde ahí, disfruto del día a día compartido en letras con amigas que casi no recuerdo, pero que ahora puedo sentir.  Veo las fotos y ya tienen rostro esas letras y poco a poco siento que estuvieron siempre en algún lugar que ahora puedo ubicar.  
Ayer compartí con amigos y hoy siento que esa es la manera de vivir.  Pasar por la vida buscando hacer esos grupos que te centran en cuanto a sentimientos y que tienen un espacio, una finalidad y un momento.  

TIEMPOS DE DECIR ADIÓS

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El decir adiós cuesta.  Cuesta más cuando toca despedir a alguien cercano.
Siempre tenemos la absurda idea que somos eternos.  No dudamos en postergar aquello que quisimos hacer con alguien  o pensamos llevarle a alguien y un dia, esa postergación no tendrá fin.
Pensaba en esto porque estoy en la edad en la que los padres envejecen y a nuestro entorno, llegan las noticias de aquellos que van partiendo, porque sin que nos demos cuenta, están ahí, en la edad de descansar.  Son gente que nos enseñó a caminar por la vida, que nos hizo lo que somos y ahora, normalmente ya lejanos de la imagen del padre superhéroe o la madre que todo lo puede, van poco a poco dejando pase a los hijos, quienes ahora son los que deciden, ahora son los que invitan y muchas veces, son aquellos que van, saludan, miran un ratito y luego parten a sus múltiples ocupaciones.
Me apena verme en esa generación y leer o escuchar como padres y madres de buenos amigos, de pronto se van.  Dejan el dolor, la pena, el querer tenerlos un momento más.
Mi padre falleció hace más de diez años.  Fue luego de una enfermedad larga y triste, lo que tal vez nos ayudó a todos, porque así es más fácil decir adiós.  Sentimos que era para su bien, para que por fin descansara de tanto dolor.
Pero aquellos padres que de pronto se van?  Aquellos hijos que se acostumbraron a verlos ahí y como día a día cambiaron su altura, su fuerza, su presencia, no nos dimos cuenta que poco a poco se nos iban y no había forma de evitarlo?
Hoy pensé en eso y en la inevitable realidad.
Me toca cuidar a mi madre, que aún está con nosotros, pero que, ante los ojos de todos, día a día cambia su altura, cambia su fuerza, cambia su presencia...

Buscar nuevos rumbos

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Ayer conversaba con un vendedor de emoliente y me decía que un primo de el le ofrecía irse a EEUU a buscar trabajo, a empezar de nuevo.
Este muchacho, que trabaja con la esposa en un carrito de emoliente que le ha vendido el Municipio de Surco, ahora veía como este mismo Municipio le negaba la licencia para trabajar. Entonces conversamos sobre el nivel de frustración que podía llegar a tener.
A veces, no nos percatamos de nuestra influencia en el entorno.  Este muchacho perdió su licencia de trabajo en una esquina del distrito, porque a una vecina le molestaba su presencia.  La vecina no vive al lado, ella compra en una tienda cercana y no le gusta ver la presencia de algo tan tradicional y apegado a los estratos más bajos de la sociedad.
Esta vecina, no se puso a pensar en la frustración de un muchacho que apostó por surgir con una posibilidad que le brindaban las autoridades y ahora le quitaban.  No pensó que aquello que a ella le ofendía, podía hacerle bien a muchos, como muchos somos los consumidores de este tipo de bebida que le curó la tos a mi hija.
Entonces me puse a pensar hasta que punto pensamos en el efecto de nuestras iniciativas, buenas o malas.  Por ejemplo, hay un grupo de gente que decidió hacer algo y empezó a colectar tapitas de gaseosas plásticas, llegando a un convenio con una recicladora y cada cierto pesaje de tapitas, ellos donaban una silla de ruedas a niños con cáncer.  El resultado de esa iniciativa:  varios juntamos chapitas y hasta un banco se sumó al esfuerzo de la recolección.  Ellos cambiaron vidas y siguen haciéndolo y muchos nos sentimos bien con la pequeña contribución que podemos hacer.
Por otro lado, varios a veces nos quejamos de algo que en realidad puede no afectarnos tanto, tanto como pueden afectar a otros, cuyas actividades benefician a unos y alimentan a otros,
A veces pueden afectar al punto que este muchacho y toda su familia, ahora dependan de una decisión de emigrar, con inseguridad, con incertidumbre, pero para ellos, ahora es aparentemente su única alternativa.  Migraron del interior del País y se acogieron a las normas de la ciudad.  Ahora esa misma ciudad, los empuja tal vez a buscar nuevos rumbos...

Creció mi pequeño

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Ayer veía como mi hijo, aquel pequeño que antes iba sólo de mi mano, entraba sólo a la sala de espera del aeropuerto, para volver a estudiar en París.
Lo veía decidido, feliz, satisfecho de haber pasado las vacaciones con nosotros, pero ahora eran eso, sus vacaciones.  Su vida normal estaba ahora lejos, tan lejos como grande era su futuro... o su futuro medía más.
Ayer sentí una vez más que había hecho un buen trabajo, pero me cuesta hasta ahora renunciar a tomar esa manito que necesitaba un poco de mi seguridad para seguir avanzando.  Me cuesta pero no sufro con eso.  Tengo un hijo que sin duda irá tras lo que lo haga feliz, antes que lo que otro quiera o prefiera para él.  Con el, otros de sus amigos volvían a la aventura de crecer y veía que tenían las armas para crecer grandes y seguros de lo que hacían, aún cuando se equivocaran, se que van a hacer lo mejor para salir adelante triunfando.
Ayer me tocó ver la espalda de mi pequeño, que miraba de frente a su futuro que no dudo será genial.

El tiempo

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Ayer pensaba que el tiempo no pasa rápido, al contrario, pasa a un ritmo que nos da la opción de recordar sonrisas, miradas, vocecitas y momentos.  El tiempo nos deja enseñanzas y nos va puliendo, para que los errores que cometimos antes, nos parezcan ahora tan obvios de evitar.  Parece que es, como dicen, una escuela en la cual nadie tiene opción a repetir y la calificación uno mismo la vive, pero no se si la disfruta...
Ayer veía a mis hijos, tan grandes y adultos, que junto a sus amigos salían un sábado en la noche, contentos, realmente dueños de la vida y de sus tiempos.  Pensé que eran una meta cumplida y entonces pensé que tocaba que tuviera otras metas.
En ese camino, he hecho una lista de los lugares que quisiera conocer, antes de establecerme en algún lugar, tal vez sólo en la mente y el recuerdo de algunos... pero antes de eso, quiero poner mis pies y mis ojos en los siguientes lugares:
1.  En Atlanta, EEUU, para ver a mi tío y a mis primos.  Hay una familia que no conozco ahí y me gustaría verla y disfrutarla.
2.  En Costa RIca, porque tengo también queridos primos ahí.  Necesito ver lo que tanto les asombró cuando vinieron al Perú, que tanta arena y tierra antes de la playa y la falta de rejillas para la lluvia, fueron una sorpresa.
3.  Quiero ver osos panda.
4.  Quiero ir a las Islas Griegas.  Ese siempre ha sido mi sinónimo de triunfo y debo realizarlo.
5.  Quiero conocer el Taj Mahal, el símbolo del amor que lleva a la locura y no percibe límites
6.  Quiero ir a París, pero sin apuros, sin tensiones y sin penas...
7.  Quiero ir a Puerto RIco, tengo un buen amigo ahì y quiero darme el gusto de visitarlo
8.  Quiero ir a Barcelona.  He oido tanto, que quiero verlo y disfrutarlo
9.  Quiero ir a Maldivas.  Alguien dijo que era lo mismo que el paraíso
10.  Quiero ver la aurora boreal en su máxima expresión

Esas serán por ahora mis primeras metas.  Mis principales metas ya caminan y deciden solas, me toca ahora buscar otros destinos...

VENEZUELA

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Ayer pensaba que vivo en un País latinoamericano, en el cual, gracias a la falta de inversión en educación, aún es probable que el sistema democrático se empañe.  Venezuela es un ejemplo de esto.  El actual régimen tiene su partida de nacimiento y su confirmación, firmadas en las urnas.  Si.  Este no es un régimen golpista.
Entonces no puedo dejar de pensar en nuestra fragilidad como País en democracia.
Todos debemos ser portadores del mensaje que vivir en democracia, aún con todos sus defectos, es la mejor forma de salir adelante como País.  Otra forma conocida no es factible, no para todos.
Ayer pensaba en mi papel ante esto.  Un papel de hablar, contar, lograr que la gente evalúe el riesgo de elegir al que más regala, al que menos puede defender un argumento de gobierno.  No podía dejar de pensar que cuando regalan con una mano, con la otra están poniendo la venda que muchas veces permite la impunidad.
Ayer decidí hacer mi parte y hablar con todos los que me quieran oír y que ahora viven con la libertad que la democracia les permite, para que sean consientes y en base a esa conciencia, logremos elegir continuar con esta libertad en mayoría.

Tan pronto todo es AYER

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Pensaba ayer que es muy pronto que lo que vivimos hoy, ya se transforma en ayer.  Hoy estuve con mi hijo, ya un joven de casi 20 años y fuimos de compras a un lugar bastante concurrido de Lima, el centro de compras de textiles, Gamarra.
Me gustó ver cómo se desenvolvía entre tanta gente y ahora más alto que yo, me cuidaba.  Estaba atento a mi avance, siempre trataba de abrir el paso, inclusive me abrió un par de puertas.  De alguna manera disimulada, buscaba que hiciera las cosas bien y estaba siempre ahí para ayudarme.
De pronto sentí que mi ayer había sido bueno.  Que en cada uno de mis ayeres, había formado a este muchachito que ahora quería cuidarme a mi.  Me acordaba como antes era yo quien lo guiaba, lo cuidaba, negociaba por el y lo ayudaba a escoger bien.  Ahora sentía que era él quien lo hacía por mi.  Sentí gratitud a la vida por permitirme ver el resultado de años de tratar de estar ahí.  Sentí alivio por ver que había logrado, sin buscarlo, tener un angel guardián en vida.  Sentí que había hecho las cosas bien...

La Catársis con nuestros Amigos

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Ayer compartimos un agradable almuerzo con mis amigos.  Recordábamos que nos conocemos por más de 30 años y que sin embargo cada vez que nos juntamos sentimos la agradable sensación de la naturalidad, de estar con gente que nos conoce antes de títulos, antes de parejas, antes de ser padres, antes de sentirnos adultos.
Es por eso que se convierten en nuestra estabilidad, en las personas que nos hacen volver a nuestros inicios, nos ayudan a recordar quiénes somos en realidad.  Cuando alguno de nosotros pierde su rumbo, se encuentra triste o necesita un impulso, nos reunimos a pedido y es así como salimos juntos del mal momento o celebramos juntos el bueno,
Hace poco, una de nuestras amigas cometió un error con su pareja y provocó un serio problema.  La tristeza llevó a la llamada y nos reunimos, no para consolarla, sino para que entre risas y burlas, reconociera que había sido su culpa, que debía tomar correctivas, que le tocaba pedir perdón y escuchara disparatadas propuestas de estrategias.  Hasta ahora nos reimos del episodio, pero sobre todo, sentimos que esa es la forma de ser amigos, no estando siempre de acuerdo, pero si estando siempre allí.
Por eso pienso que quien no se da tiempo para sus amigos, pierde algo importante: pierde la posibilidad de encontrar sus raíces y su estabilidad.  Tener buenos amigos es importante, pero cultivar este tipo de amistades, es realmente bueno para nosotros mismos.

Son los hijos nuestros amigos?

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Ayer conversaba con unas amigas y el tema era nuestros hijos.  Tengo dos hijos adolescentes, con quienes considero tenemos una buena relación.  Tenemos nuestros días de pleitos breves, pero, en general, nos llevamos muy bien.
Creo que la clave de nuestro éxito, es exactamente eso, no somos amigos.  Yo soy la mamá y ellos son mis hijos.  Esto, aunque puede sonar fuerte, para mi da resultado.  Un amigo es aquel el el cual confío, alguien que puede compartir conmigo lo más íntimo y de quien escucho comentarios y consejos.  En el caso de mis hijos, no aspiro a ser su confidente, porque ellos buscarán y encontrarán sus propios confidentes, los cuales desde la misma óptica, sin distancias generacionales, podrán aportar su punto de vista y sus consejos.  Tenemos mucha confianza, pero no aspiro a que me cuenten necesariamente todo.
Un amigo es aquel a quien, guardando las distancias, le permito tratarme de igual a igual, en especial si estamos hablando de los mejores amigos.  En el caso de mis hijos, aspiro a que siempre exista una disciplina entre nosotros y bromas que entre amigos están bien, tal vez no quepan entre nosotros, porque debe existir una distancia con el adecuado respeto para que la disciplina necesaria para la crianza de un hijo, un hijo con límites, sea adecuada.
Nosotros no tenemos altercados fuertes, pero si de vez en cuando tenemos discrepancias.  
Las horas de regreso a la casa, la cantidad de salidas a la semana, las condiciones de arreglo de la casa, la colaboración en las actividades caseras, son temas que podemos discutir porque no somos amigos.  Podemos acordar, pero guardando el respeto y la posición de dominio en las decisiones importantes.
Aspiro siempre a lo que tengo, a ser la dueña del consejo, del consuelo, de la compañía ocasional, de la risa espontánea, del espacio necesario.  Pero no aspiro a ser la mejor amiga, porque espero que ellos encuentren en su camino a adecuadas personas que ocupen ese lugar y los acompañen a lo largo de sus vidas.  Yo algún día no estaré con ellos, porque es la ley de la vida.  Aspiro a que ese día, tengan tan buenos amigos, que ellos ocupen el lugar del consuelo, del consejo, de la compañía y de las risas que es necesario que todos tengamos.
Aspiro a que ellos tengan tan buenos amigos como tengo yo.