TIEMPOS DE DECIR ADIÓS

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El decir adiós cuesta.  Cuesta más cuando toca despedir a alguien cercano.
Siempre tenemos la absurda idea que somos eternos.  No dudamos en postergar aquello que quisimos hacer con alguien  o pensamos llevarle a alguien y un dia, esa postergación no tendrá fin.
Pensaba en esto porque estoy en la edad en la que los padres envejecen y a nuestro entorno, llegan las noticias de aquellos que van partiendo, porque sin que nos demos cuenta, están ahí, en la edad de descansar.  Son gente que nos enseñó a caminar por la vida, que nos hizo lo que somos y ahora, normalmente ya lejanos de la imagen del padre superhéroe o la madre que todo lo puede, van poco a poco dejando pase a los hijos, quienes ahora son los que deciden, ahora son los que invitan y muchas veces, son aquellos que van, saludan, miran un ratito y luego parten a sus múltiples ocupaciones.
Me apena verme en esa generación y leer o escuchar como padres y madres de buenos amigos, de pronto se van.  Dejan el dolor, la pena, el querer tenerlos un momento más.
Mi padre falleció hace más de diez años.  Fue luego de una enfermedad larga y triste, lo que tal vez nos ayudó a todos, porque así es más fácil decir adiós.  Sentimos que era para su bien, para que por fin descansara de tanto dolor.
Pero aquellos padres que de pronto se van?  Aquellos hijos que se acostumbraron a verlos ahí y como día a día cambiaron su altura, su fuerza, su presencia, no nos dimos cuenta que poco a poco se nos iban y no había forma de evitarlo?
Hoy pensé en eso y en la inevitable realidad.
Me toca cuidar a mi madre, que aún está con nosotros, pero que, ante los ojos de todos, día a día cambia su altura, cambia su fuerza, cambia su presencia...

Buscar nuevos rumbos

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Ayer conversaba con un vendedor de emoliente y me decía que un primo de el le ofrecía irse a EEUU a buscar trabajo, a empezar de nuevo.
Este muchacho, que trabaja con la esposa en un carrito de emoliente que le ha vendido el Municipio de Surco, ahora veía como este mismo Municipio le negaba la licencia para trabajar. Entonces conversamos sobre el nivel de frustración que podía llegar a tener.
A veces, no nos percatamos de nuestra influencia en el entorno.  Este muchacho perdió su licencia de trabajo en una esquina del distrito, porque a una vecina le molestaba su presencia.  La vecina no vive al lado, ella compra en una tienda cercana y no le gusta ver la presencia de algo tan tradicional y apegado a los estratos más bajos de la sociedad.
Esta vecina, no se puso a pensar en la frustración de un muchacho que apostó por surgir con una posibilidad que le brindaban las autoridades y ahora le quitaban.  No pensó que aquello que a ella le ofendía, podía hacerle bien a muchos, como muchos somos los consumidores de este tipo de bebida que le curó la tos a mi hija.
Entonces me puse a pensar hasta que punto pensamos en el efecto de nuestras iniciativas, buenas o malas.  Por ejemplo, hay un grupo de gente que decidió hacer algo y empezó a colectar tapitas de gaseosas plásticas, llegando a un convenio con una recicladora y cada cierto pesaje de tapitas, ellos donaban una silla de ruedas a niños con cáncer.  El resultado de esa iniciativa:  varios juntamos chapitas y hasta un banco se sumó al esfuerzo de la recolección.  Ellos cambiaron vidas y siguen haciéndolo y muchos nos sentimos bien con la pequeña contribución que podemos hacer.
Por otro lado, varios a veces nos quejamos de algo que en realidad puede no afectarnos tanto, tanto como pueden afectar a otros, cuyas actividades benefician a unos y alimentan a otros,
A veces pueden afectar al punto que este muchacho y toda su familia, ahora dependan de una decisión de emigrar, con inseguridad, con incertidumbre, pero para ellos, ahora es aparentemente su única alternativa.  Migraron del interior del País y se acogieron a las normas de la ciudad.  Ahora esa misma ciudad, los empuja tal vez a buscar nuevos rumbos...

Creció mi pequeño

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Ayer veía como mi hijo, aquel pequeño que antes iba sólo de mi mano, entraba sólo a la sala de espera del aeropuerto, para volver a estudiar en París.
Lo veía decidido, feliz, satisfecho de haber pasado las vacaciones con nosotros, pero ahora eran eso, sus vacaciones.  Su vida normal estaba ahora lejos, tan lejos como grande era su futuro... o su futuro medía más.
Ayer sentí una vez más que había hecho un buen trabajo, pero me cuesta hasta ahora renunciar a tomar esa manito que necesitaba un poco de mi seguridad para seguir avanzando.  Me cuesta pero no sufro con eso.  Tengo un hijo que sin duda irá tras lo que lo haga feliz, antes que lo que otro quiera o prefiera para él.  Con el, otros de sus amigos volvían a la aventura de crecer y veía que tenían las armas para crecer grandes y seguros de lo que hacían, aún cuando se equivocaran, se que van a hacer lo mejor para salir adelante triunfando.
Ayer me tocó ver la espalda de mi pequeño, que miraba de frente a su futuro que no dudo será genial.

El tiempo

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Ayer pensaba que el tiempo no pasa rápido, al contrario, pasa a un ritmo que nos da la opción de recordar sonrisas, miradas, vocecitas y momentos.  El tiempo nos deja enseñanzas y nos va puliendo, para que los errores que cometimos antes, nos parezcan ahora tan obvios de evitar.  Parece que es, como dicen, una escuela en la cual nadie tiene opción a repetir y la calificación uno mismo la vive, pero no se si la disfruta...
Ayer veía a mis hijos, tan grandes y adultos, que junto a sus amigos salían un sábado en la noche, contentos, realmente dueños de la vida y de sus tiempos.  Pensé que eran una meta cumplida y entonces pensé que tocaba que tuviera otras metas.
En ese camino, he hecho una lista de los lugares que quisiera conocer, antes de establecerme en algún lugar, tal vez sólo en la mente y el recuerdo de algunos... pero antes de eso, quiero poner mis pies y mis ojos en los siguientes lugares:
1.  En Atlanta, EEUU, para ver a mi tío y a mis primos.  Hay una familia que no conozco ahí y me gustaría verla y disfrutarla.
2.  En Costa RIca, porque tengo también queridos primos ahí.  Necesito ver lo que tanto les asombró cuando vinieron al Perú, que tanta arena y tierra antes de la playa y la falta de rejillas para la lluvia, fueron una sorpresa.
3.  Quiero ver osos panda.
4.  Quiero ir a las Islas Griegas.  Ese siempre ha sido mi sinónimo de triunfo y debo realizarlo.
5.  Quiero conocer el Taj Mahal, el símbolo del amor que lleva a la locura y no percibe límites
6.  Quiero ir a París, pero sin apuros, sin tensiones y sin penas...
7.  Quiero ir a Puerto RIco, tengo un buen amigo ahì y quiero darme el gusto de visitarlo
8.  Quiero ir a Barcelona.  He oido tanto, que quiero verlo y disfrutarlo
9.  Quiero ir a Maldivas.  Alguien dijo que era lo mismo que el paraíso
10.  Quiero ver la aurora boreal en su máxima expresión

Esas serán por ahora mis primeras metas.  Mis principales metas ya caminan y deciden solas, me toca ahora buscar otros destinos...

VENEZUELA

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Ayer pensaba que vivo en un País latinoamericano, en el cual, gracias a la falta de inversión en educación, aún es probable que el sistema democrático se empañe.  Venezuela es un ejemplo de esto.  El actual régimen tiene su partida de nacimiento y su confirmación, firmadas en las urnas.  Si.  Este no es un régimen golpista.
Entonces no puedo dejar de pensar en nuestra fragilidad como País en democracia.
Todos debemos ser portadores del mensaje que vivir en democracia, aún con todos sus defectos, es la mejor forma de salir adelante como País.  Otra forma conocida no es factible, no para todos.
Ayer pensaba en mi papel ante esto.  Un papel de hablar, contar, lograr que la gente evalúe el riesgo de elegir al que más regala, al que menos puede defender un argumento de gobierno.  No podía dejar de pensar que cuando regalan con una mano, con la otra están poniendo la venda que muchas veces permite la impunidad.
Ayer decidí hacer mi parte y hablar con todos los que me quieran oír y que ahora viven con la libertad que la democracia les permite, para que sean consientes y en base a esa conciencia, logremos elegir continuar con esta libertad en mayoría.

Tan pronto todo es AYER

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Pensaba ayer que es muy pronto que lo que vivimos hoy, ya se transforma en ayer.  Hoy estuve con mi hijo, ya un joven de casi 20 años y fuimos de compras a un lugar bastante concurrido de Lima, el centro de compras de textiles, Gamarra.
Me gustó ver cómo se desenvolvía entre tanta gente y ahora más alto que yo, me cuidaba.  Estaba atento a mi avance, siempre trataba de abrir el paso, inclusive me abrió un par de puertas.  De alguna manera disimulada, buscaba que hiciera las cosas bien y estaba siempre ahí para ayudarme.
De pronto sentí que mi ayer había sido bueno.  Que en cada uno de mis ayeres, había formado a este muchachito que ahora quería cuidarme a mi.  Me acordaba como antes era yo quien lo guiaba, lo cuidaba, negociaba por el y lo ayudaba a escoger bien.  Ahora sentía que era él quien lo hacía por mi.  Sentí gratitud a la vida por permitirme ver el resultado de años de tratar de estar ahí.  Sentí alivio por ver que había logrado, sin buscarlo, tener un angel guardián en vida.  Sentí que había hecho las cosas bien...

La Catársis con nuestros Amigos

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Ayer compartimos un agradable almuerzo con mis amigos.  Recordábamos que nos conocemos por más de 30 años y que sin embargo cada vez que nos juntamos sentimos la agradable sensación de la naturalidad, de estar con gente que nos conoce antes de títulos, antes de parejas, antes de ser padres, antes de sentirnos adultos.
Es por eso que se convierten en nuestra estabilidad, en las personas que nos hacen volver a nuestros inicios, nos ayudan a recordar quiénes somos en realidad.  Cuando alguno de nosotros pierde su rumbo, se encuentra triste o necesita un impulso, nos reunimos a pedido y es así como salimos juntos del mal momento o celebramos juntos el bueno,
Hace poco, una de nuestras amigas cometió un error con su pareja y provocó un serio problema.  La tristeza llevó a la llamada y nos reunimos, no para consolarla, sino para que entre risas y burlas, reconociera que había sido su culpa, que debía tomar correctivas, que le tocaba pedir perdón y escuchara disparatadas propuestas de estrategias.  Hasta ahora nos reimos del episodio, pero sobre todo, sentimos que esa es la forma de ser amigos, no estando siempre de acuerdo, pero si estando siempre allí.
Por eso pienso que quien no se da tiempo para sus amigos, pierde algo importante: pierde la posibilidad de encontrar sus raíces y su estabilidad.  Tener buenos amigos es importante, pero cultivar este tipo de amistades, es realmente bueno para nosotros mismos.

Son los hijos nuestros amigos?

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Ayer conversaba con unas amigas y el tema era nuestros hijos.  Tengo dos hijos adolescentes, con quienes considero tenemos una buena relación.  Tenemos nuestros días de pleitos breves, pero, en general, nos llevamos muy bien.
Creo que la clave de nuestro éxito, es exactamente eso, no somos amigos.  Yo soy la mamá y ellos son mis hijos.  Esto, aunque puede sonar fuerte, para mi da resultado.  Un amigo es aquel el el cual confío, alguien que puede compartir conmigo lo más íntimo y de quien escucho comentarios y consejos.  En el caso de mis hijos, no aspiro a ser su confidente, porque ellos buscarán y encontrarán sus propios confidentes, los cuales desde la misma óptica, sin distancias generacionales, podrán aportar su punto de vista y sus consejos.  Tenemos mucha confianza, pero no aspiro a que me cuenten necesariamente todo.
Un amigo es aquel a quien, guardando las distancias, le permito tratarme de igual a igual, en especial si estamos hablando de los mejores amigos.  En el caso de mis hijos, aspiro a que siempre exista una disciplina entre nosotros y bromas que entre amigos están bien, tal vez no quepan entre nosotros, porque debe existir una distancia con el adecuado respeto para que la disciplina necesaria para la crianza de un hijo, un hijo con límites, sea adecuada.
Nosotros no tenemos altercados fuertes, pero si de vez en cuando tenemos discrepancias.  
Las horas de regreso a la casa, la cantidad de salidas a la semana, las condiciones de arreglo de la casa, la colaboración en las actividades caseras, son temas que podemos discutir porque no somos amigos.  Podemos acordar, pero guardando el respeto y la posición de dominio en las decisiones importantes.
Aspiro siempre a lo que tengo, a ser la dueña del consejo, del consuelo, de la compañía ocasional, de la risa espontánea, del espacio necesario.  Pero no aspiro a ser la mejor amiga, porque espero que ellos encuentren en su camino a adecuadas personas que ocupen ese lugar y los acompañen a lo largo de sus vidas.  Yo algún día no estaré con ellos, porque es la ley de la vida.  Aspiro a que ese día, tengan tan buenos amigos, que ellos ocupen el lugar del consuelo, del consejo, de la compañía y de las risas que es necesario que todos tengamos.
Aspiro a que ellos tengan tan buenos amigos como tengo yo.

Pasa El tiempo

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Ayer escuchaba una entrevista de dos personajes brillantes, que comentaban su asombro al ver a sus hijos tan grandes.  Pensaban ambos ¿Cómo sucedió esto? Cómo llegamos aquí?... entonces me quedé a pensar en mis propios hijos y realmente, los vi adolescentes, grandes, independientes...pero si recuerdo cómo pasó esto.
Tal vez para nosotras las mamás es más fácil tener en cuenta cómo pasa el tiempo en nuestros hijos.  Es un día a día en el que nos sorprenden no sólo creciendo, sino madurando.  Sus amigos ya no son los mismos, también han crecido, también han madurado y a veces es difícil encontrar en esas caritas las mismas que veía cuando tenían tres años y empezaban a estudiar juntos.  
Ellos son los mismos?  No.  Son ahora producto de lo que les pude enseñar y lo que ellos vieron en su camino.  Ya no me necesitan casi.  Yo trato de infiltrarme en sus actividades cotidianas, así, como de casualidad, pero cada vez es menos mi posibilidad de hacerlo.  Pero tengo claro que así debe ser.
Me toca a mi entonces ahora crecer.  Mirarme en el espejo y ahora encontrarme en esta nueva etapa de mi vida, cerca a los cincuenta y tratar de no preguntarme cómo pasó esto, cómo el tiempo pudo dejar huella día tras día.  El espejo no miente, entonces me toca escuchar su mensaje sin anestesia, sin pausa y sin disfraces.  Tengo las marcas de muchas sonrisas, los ojos llenos de recuerdos lindos, la frente lista para enfrentar nuevas esperanzas, un cuerpo nuevo para una nueva etapa.
Voy a disfrutarlo? Claro que si.  Voy a disfrutar ahora mi espacio, mi tiempo, mi posibilidad de avanzar en la vida sólo con mis convicciones.  Me apoyaré en mis amigos, en mi familia y en mis hijos, que ahora caminan más seguros por la vida que yo.

Ayer, para los temas que la almohada no retiene...

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Ayer hablaba con un amigo y me decía que tenía problemas con su hijo, que le iba muy mal en el colegio, con pésimos resultados, porque la inútil de su madre no había podido manejar con ellos adecuadamente el tema de su separación.

Entonces me puse a pensar que siempre tenemos en cuenta cuán difícil puede ser para los hijos una separación, pero no vemos el efecto de la madre, que normalmente se queda con ellos y que se convierte supuestamente en el apoyo de todos.

Yo he pasado por eso.  Ahora, con algún tiempo pasado, pienso que es difícil, para una persona que siempre ha formado parte de una familia que camina con dos piés, de pronto, retomar el equilibrio caminando con uno sólo y encima, mantener este equilibrio llevando carga.  De pronto, la mujer que a la vez, sea por el motivo que sea, deja un proyecto de vida inconcluso, deja de lado todo su sueño de familia perfecta, de pronto tiene que procesar sóla que ésto no será así, que ha cambiado todo en su vida y no puede procesarlo sóla, llorar sóla, llevar supropio luto, no, pues debe mantener la enteresa frente a los ojos de los hijos, que no importa la edad que tengan, siempre esperarán que todo sea perfecto.

Ayer oía a mi amigo y no podía dejar de pensar en que nadie tiene el manual para criar hijos, pero, alguien tiene el manual  para hacer que entiendan un final de su propia historia y no culpen a nadie?  sospecho que no.

Nadie gana en una separación normalmente, pero la idea es que se pierda lo menos posible.  Le decía a mi amigo que respete el tema de los hijos y el de la madre, pero sobre todo, que tenga en cuenta que hablar con los hijos sinceramente y asumiendo cada quien su responsabilidad, era la mejor forma de respetar el luto que todos llevan cuando un matrimonio muere.

Suerte con eso, porque hay que construir una nueva historia cada día.